mayo 05, 2008

Metáfora

Gracias a ti, que estuviste una vez, y me dejaste ese idioma que adoro y ese libro que adoro también y esa frase que dice que l'amour peut naître d'une seule métaphore. Me recuerda a otras tardes. Y a ti, sobre todo a ti. Así que llevo todo el día buscando una metáfora. Y sin embargo encuentro nada más que there has been a tendency over the past thirty years of study of morphology in generative grammar to concentrate on the study of derivational types and not to study the more abstract notions of derivational categories.

mayo 04, 2008

Es cierto que


'Fue aquella noche cuando me di cuenta de que mi estancia en la ciudad de Oxford sería seguramente, cuando terminara, la historia de una perturbación; y de que cuanto allí se iniciara o aconteciera estaría tocado o teñido por esa perturbación global y condenado, por tanto, a no ser nada en el conjunto de mi vida, que no está perturbada: a disiparse y quedar olvidado como lo que las novelas cuentan o como casi todos los sueños.'

Javier Marías. De Todas las almas.

abril 27, 2008

Mientras tú

cambias de forma yo
cambio de idea.

Esta hidráulica mental no la comprendo

abril 25, 2008

Sold Out


No sé si de verdad querías venir conmigo. En todo caso, habríamos llegado tarde. Nunca salen los trenes de aquí a la hora que se espera. Habrías murmurado una blasfemia contra la puntualidad británica - perdón, no contra, sobre- y habríamos ocupado cada uno el extremo de un vagón en el metro desde Liverpool Street, sin mirarnos. Al llegar al Hoxton Hall tuve - perdón, habría tenido - ese nudo en la garganta. Y tú con las entradas en la mano, preguntando que dónde, explicándomelo a mí. Luego lloré un poco, sólo un poco sin que te dieras cuenta. Fue con esa canción que siempre escucho. Y siempre me hace llorar. Me hace llorar aún más si es el Hoxton Hall y es 24 de Abril en Londres. En la vuelta apenas hablamos. Sólo para pedir el taxi en la North Station. Luego te veía mirar, desde el calor del coche, el relente en los lagos, en el césped y en el cemento de este lado de acá, de tan acá. Qué pena que hace ya tanto entraras a aquella cocina - era otro lugar, otro calor. Te recuerdo de manga corta, sentándote cerca, ofreciendo tu ayuda. Yo te dije que no mientras lavaba un racimo de algo, y entonces fue cuando dijiste, te oí decir: By the way... Sold out.

abril 23, 2008

Identidad


Había olvidado quién soy. Hoy me lo recordaron con una carta. Una de esas cartas internas, que llegan de un despacho al buzón, directamente, y que están llenas de códigos y deadlines. Deadlines, esa palabra. Lo había olvidado. Soy 0714259.

abril 22, 2008

wollen / dürfen

Ada, tu carta


Lo primero que hice fue mirar el correo. Pero no. Pensé que habíamos perdido el cuaderno para siempre. No estaba en el buzón, ni bajo mi puerta, ni del lado del microondas donde se acumula la correspondencia perdida. Pregunté a la gente. Ellas me dijeron: No sé, dígale al güero. Y el güero se fue a París y tampoco él tenía tu carta. Me entristeció esa pérdida. Pensé en las idas y venidas de la libreta azul, en tu forma de lamer un sello, en cómo fabricas un sobre y en tu letra hacia arriba. Qué pena tuve, Ada, de haber perdido ese cuaderno. Luego recordé algo, una frase, y marqué desde otra casa la extensión de la habitación nueve. Ella dijo: Sí, la tengo yo. Y al volver estaba tu carta debajo de mi puerta, al lado de una postal desde Madrid, del L8. Te leo, Ada, por fin te leo. Y leerte ahora, después de abril y habitar los bares y estar contigo y hacer una foto de tu risa, es como leer el pasado desde el pasado. Creo que esa calma, esa cosa tan clara con la que me escribiste entonces, un día de mitad de marzo, no se parece en nada a lo que ahora vives. Por si acaso te digo, te recuerdo, Ada, que en esa carta me dices que ella te dijo, te regaló aquello de "Camina consciente." ¿Recuerdas "Camina consciente"? Recuerda, Ada. Y sobre todo eso: Consciente.

abril 21, 2008

Subir


Foto: Chema Madoz

Si ahora mismo recorriera hacia arriba los alrededor de ciento treinta peldaños que separan mi piso tres de tu piso doce, si llegara hasta allí descalza, o no descalza, y con cansancio de escalera golpease suave la puerta del pájaro negro, del otro lado estarías. Te imagino horizontal, mordiéndote el labio inferior, leyendo con prisa los más de cien artículos que aún te quedan por leer sobre protocolo y tribunales de antes de que nacieras. O a lo mejor descansas, con una canción, solo una y volver al estudio, descansas. O tecleas una combinación imposible de palabras en Google o investigas sobre el efecto de ciertos gérmenes en el sistema digestivo. Yo hago el camino inverso, mientras tanto. No subo los ciento treinta peldaños que me llevarían a ti. Bajo del tres al uno en el ascensor, voy al supermercado, me enfado con este invierno, entrego tres mil palabras inglesas sobre la /r/ en un sobre amarillo. Hago el camino contrario. Y en realidad lo hago, sé que no lo hago, que no subo descalza esos cien escalones, ni te nombro en el pasillo, ni golpeo con los nudillos el pájaro negro de la puerta siete porque tengo miedo de que al hacerlo, si es que estás ahí, te desvanezcas.

Hay espacios

que se parecen a este espacio.

Going to a Town


'I really need to know, after soaking the body of Jesus Christ in blood."

Campus


No comprendía el frío al salir del aeropuerto, la lluvia, la gente encogida bajo un abrigo color gris. Ha sido como viajar las estaciones. Luego yo sola en el x22. La lluvia y hora y media dentro del x22. El conductor de lejos y yo en la fila seis, o la diez, he leído, viendo ya de lejos las torres, y lo verde, he leído:

CAMPUS AMERICANO

University of Oregon

Entre la biblioteca y el gimnasio
se extiende el cementerio donde duermen
los que fundaron la ciudad. El musgo
crece por las mayúsculas romanas
de los nombres británicos, y dentro
de los exactos números el liquen
obstruye la lectura: Died september.
Consigo descifrar que alguien vivió
28 años 17 días
en el siglo pasado, el XIX.
Apenas una cruz, algún ciprés.
Hiedra por todas partes. Instantáneas
corren irreverentes las ardillas
sobre las tumbas. Y por los caminos
algunas bicicletas, estudiantes
con los monopatines y los libros
bajo el brazo, y el tránsito esperable
de enamorados y de solitarios.
Yo mismo lo atravieso muchas veces.
Los jueves por la tarde los alumnos
juegan en la pradera colindante
un partido de rugby que terminan
felices y agotados. Todo indica,
por el conocimiento que tenemos
de este mundo, que un día sus magníficos
muslos descansarán bajo la tierra.
Pero la sobredosis de futuro
propia de cualquier campus y la idea
de que las leyes físicas no tienen
plena vigencia en este territorio,
me hacen pensar en la resurrección
con una intensidad inusitada.
Tal vez también influya que este otoño
acabo de cumplir cuarenta años.
Juan Antonio González-Iglesias.
De Eros es más.